Wabi-sabi: ¿cómo dominar el arte de la perfección imperfecta?

El término japonés «Wabi-sabi» combina los términos «wabi» y «sabi». El primero puede significar sencillez, melancolía, soledad o incluso disimetría. El segundo recordará la huella del tiempo, raramente también, los efectos de las acciones del hombre, sobre las cosas. Unificados, ambos se convierten en un solo arte: la búsqueda de la perfección que se adapta a realidades imperfectas, dando lugar a una belleza única. Aunque los budistas zen viven este concepto a diario, la idea parece ser compleja para otros.

El origen del Wabi-sabi

El wabi-sabi aparece en la cultura japonesa con la ceremonia del té. Este último encarna la realidad aceptada y valorada que implica el concepto. En el pasado, los japoneses utilizaban la hora del té para manifestar la exuberancia. Así fue hasta que Sen No Rikyu, el Santo del Té, cambió el rito para que el refinamiento contribuyera a este momento de relajación. La decoración wabi-sabi posterior se basaría en la misma noción: si los platos exuberantes iban acompañados de kimonos ceremoniales, se sustituían por objetos más clásicos. Así, en un entorno honesto, el té se disfruta con los pensamientos esenciales: paz y armonía.

Wabi-sabi, un arte de vivir

En realidad, el wabi-sabi puede aparecer de forma diferente, según las necesidades de la persona. Encontrando el concepto en un cuadro, en la decoración o en el estilo de vida, el Wabi-sabi se convierte sobre todo en una filosofía. De hecho, los japoneses confían en ella para adquirir un modo de vida agradable y encantador. Para ello, optan por la humildad y la cordialidad. La decoración wabi-sabi responde, por tanto, al respeto y al reconocimiento hacia la naturaleza. Como el trabajo para el bonsái: la planta se adapta a su entorno para florecer prodigiosamente. A pesar de la deformación e irregularidad en la que se encuentra el joven árbol, su magnificencia al alcanzar la madurez deja satisfecho al jardinero.  

La filosofía del Wabi-sabi

Las imperfecciones suelen ir acompañadas de sentimientos peyorativos. Sin embargo, en la esencia de la decoración wabi-sabi, destaca la belleza de estas cosas imperfectas. Como la vejez, por ejemplo, el Wabi-sabi la convierte en una elegancia sin igualdad. Así, la filosofía extrae la belleza de lo cojo, el encanto de lo deficiente, el encanto de la realidad. Lo «perfecto, demasiado perfecto» pierde su sentido frente a «lo perfecto nacido de lo imperfecto». Se produce aquí, pues, una singularidad, extraída de varias singularidades «rotas».

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